Todo niño desde su gestación comienza a desarrollar los sentidos, aquellos que entregarán información del entorno y de ésta forma el podrá responder a su medio física, psíquica, social, intelectual y emocionalmente.

En la primera infancia, son los sentidos junto con los reflejos primitivos aquellos que nos permiten sobrevivir al medio. Gracias a ellos el bebé puede llorar para pedir alimento o muda (entre otras cosas), puede alimentarse e incentivar el gusto por descubrir lo que lo rodea.